29 de noviembre de 2012

Una delicia inglesa: El té


Mucho hemos escuchado hablar de "la hora del té", variedades hay a montones de esta delicia para el paladar. Y que no solo tiene propiedades meramente de compartir algo socialmente, sino que posee cualidades que ayudan a relajarse y mantener nuestro organismo contento. En esta entrada les traigo información sobre tres tipos básicos de té: Negro, Verde y Rojo. A ver cuál de ellos les apetece más.

Antes de empezar a describirlos, cito que el té no es originario de Inglaterra; en mi amada tierra no se cultivan estas plantas, sino en regiones indias, chinas e himalayas. Recuerden que Gran Bretaña fue conquistadora de grandes extensiones de tierra de varias partes del mundo, entre ellas la India, de donde extrajeron gran parte de sus recursos agrícolas, medicina natural, y claro, el té. Pero esto no es una clase de historia. Continuemos.

El té rojo


Es originario de Pu Erh, región de Yunnan, al sudoeste de China. La fermentación de este té suele durar entre 2 y hasta 60 años en bodega, en donde cepas bacterianas transforman el té originalmente verde, en rojo, logrando que las hojas adquieran una tonalidad cobriza, de igual modo la infusión por defecto. 

Su sabor es fuerte, y tiene varias propiedades. 
a) Quema grasas, y ayuda a la digestión.
b) Estimula las secreciones gástricas, y favorece el funcionamiento hepático.
c) Actúa como un euforizante suave: eleva tu humor y ánimo, en caso de depresiones leves.
d) Refuerza las defensas previniendo todo tipo de infecciones.


El té verde



Los componentes vitamínicos y antioxidantes del té se mantienen, porque no es fermentado, brindándole de esta manera un sabor suave y delicado. Los antioxidantes del té verde son cien veces más efectivos que la vitamina C y 25 veces mejor que la vitamina E.

Entre sus propiedades:
a) Previene el cáncer de mama, las caries, favorece la circulación, protege la piel, etc.
b) Es un estimulante contra la fatiga.
c) Previene cardiopatías.
d)Calma la angustia.

El té negro



Este tipo de té tiene un alto índice de teína, a diferencia de las otras clases de té, por ello no se recomienda su consumo a personas que padecen problemas nerviosos, insomnio o quienes tienen un sueño bastante ligero. Además es el menos aromático de todos. Adicionalmente no se sugiere consumirlo a quienes tienen problemas digestivos (estreñimiento o problemas estomacales severos). Debido a su alto potencial diurético, genera la pérdida elevada de electrolitos, por ello no se debe abusar de su consumo.

Entre sus propiedades:
a)Beneficios relacionados con la salud osea que harían muy bien a las mujeres mayores para evitar la osteoporosis.
b) Es antioxidante.
c) Reconfortante y bajo en calorías.
d) Astringente: para combatir diarrea o gastritis.

¿Cuál se animan a probar?

¡Nos leemos pronto!

Fuente: www.te.innatia.com
 www.davilaarbona.com
www.wikipedia.org




24 de noviembre de 2012

I dream of Jeannie

Una de las series que lograba avivar mi imaginación y la creencia que no hay imposibles es "I dream of Jeannie", y no utilizo el pasado para referirme a ella, porque aún ahora suelo sentarme a ver el dvd de las temporadas que dieron vida a Jeannie y al Mayor Anthony Nelson. Fue una serie que, al menos en mi caso, marcó una pauta. 

Son pocas las personas dotadas de una pasmosa creatividad que logre trascender generaciones, y no por la maravilla de efectos especiales (porque en la década de los 60´s obviamente todo era muy rústico en cuanto a tecnología), sino por la historia. Y creo que ese es el logro de mi amadísimo escritor Sidney Sheldon. Este no tiene comparación; no hay Kleypas, Dodd, Steel, ni Roberts que valga al lado suyo.
¿Saben una de las cosas que enseña en esa serie? Que una puede obtener cualquier deseo que se proponga, pero cuando lo conseguimos no siempre resulta como esperábamos. Y en ocasiones el precio a pagar por lograr un deseo o fantasía, supera la calidad en sí de lo que obtenemos. Esto se evidencia perfectamente en los personajes del Mayor Nelson y Jeannie.
Tony y Jeannie

Cuando ella intenta complacerlo con cualquier mínima cosa, que generalmente él no desea, suele darle lo que él hubiera querido, aunque tiene que lidiar con: incendios, genios enfadados que vienen de tiempos remotos, estar sometido a cámaras de tortura, quedarse varado en una isla desierta, encontrarse en medio de un safari en África con una tribu de caníbales, y tantas otras aventuras que vivimos con Tony Nelson y Jeannie.
En esta serie no había sexo ni erotismo crudo (lo único erótico quizá el traje de Jeannie, pero porque ahora no podría decirlo de otra manera, pues estoy segura que en esa época quienes veían el programa reparaban en todo menos en la sensualidad de Bárbara Eden -Jeannie- ).

Lo que podíamos evidenciar y sentir era la fantasía, diversión, el enamoramiento y el anhelo de un ideal romántico que llevaba a una "genio" a hacer cualquier cosa por lograr que su "amo", fuera feliz. ¿Al final no es el propósito del amor, hacer feliz al otro? Pues vale, es lo que había.

Dicen que los tiempos antiguos siempre fueron mejores. Y ciertamente, yo lo creo así. En una sociedad donde prima el sexo como máxima representación del amor (sin diferenciar pasión de amor), y el dinero como carta de presentación (no de integridad), ver "I dream of Jeannie", es un bálsamo. Si las fórmulas del pasado para lograr éxito no estaban basadas en mostrar más de la cuenta, escenas de sexo, ni drogas ni absurdos estrambóticos. No entiendo entonces a los "creativos" de la tv y el cine de hoy en día.

¿Qué le ha pasado a la capacidad creativa de los productores televisivos que se han dejado guiar por una mala comprensión de "cambio en la sociedad", creando expectativas que son irracionales, y paradigmas verdaderamente irresponsables? Sé que es una generalización, pero realmente quisiera volver a sentir ese sabor de "inocencia" y "familia", que me brindaban series de otros tiempos... 

Bárbara Eden y Larry Hagman en "I dream of Jeannie"

Descansa en paz Larry Hagman, siempre te recordaré como uno de los actores que encarnó uno de mis personajes predilectos: el Mayor Anthony Nelson.



22 de noviembre de 2012

Declaración de amor


Además de las risas, las sorpresas y corajes que una pasa al divertirse con una novela romántica, sin duda lo más adorable del asunto (si del algún modo puedo calificarlo) son los diálogos que hacen suspirar. Sí, de esos, aquellos que estás recordando en este instante. Y sueles comparar y preguntarte. "¿Me habrán dicho alguna vez éstas palabras?", y creo que la respuesta más que un "sí", o "no", es "ya me gustaría". ¿Cierto?

Pues bueno, tan fanática como soy de la pluma de Christina Dodd me he leído un libro suyo que se llama "Entre tus brazos", la adorable historia entre Enid y Kirnnan McLean. Lo que empieza como una confusión de identidades, termina en una mezcla de pasiones en medio de un complot que, en época de espías rusos e ingleses, intenta acabar con la vida de Kirnnan. 

Más allá de que los personajes son una joya, y la ambientación inmejorable, creo que es la sinceridad al hablar, expresarse y amar de Kirnnan que hace latir mi corazón de lectora. Voy a citar una parte del diálogo que me hizo sentir un escalofrío... de emoción. De aquellas declaraciones de amor que llevan a comentar un "Qué dulzura... ¿Será posible que algo así exista?". Pues sí... en las novelas, jajaja.


"Mirándole los brillantes ojos azules, él repitió la promesa que le hiciera aquel día en las montañas bajo el sol.

—Soy la sangre de tus venas, la médula de tus huesos. Nunca irás a ninguna parte sin saber que estoy dentro de ti, apoyándote, manteniéndote viva. Formo parte de ti. Y tú eres parte de mí. Estamos unidos para siempre.

Ella le rodeó los hombros con los brazos.

—Para siempre".


¿A qué es hermoso? Pues bueno, yo me voy con una sonrisa a dormir. Han sido unas horas placenteras de conocer a este par y divertirme con su historia, tanto como enternecerme. A veces los protagonistas no necesariamente tienen que rehuír sus sentimientos en las novelas históricas y ser las mujeres quienes intenten hacerlos entrar en razón. En este caso puede ser una mujer, con los pies bien puestos en la tierra, quien quizá sea la que necesita vencer sus propios fantasmas para poder estar consciente de que a veces se puede huír, pero cuando el amor es de verdad, regresarás inexorablemente a él.

¡Gracias por tu tiempo de lectura!

¿Cómo pinta el fin de semana?

21 de noviembre de 2012

Este asunto de la edición


Tener un manuscrito es complicado, no desde la perspectiva de que sea aburrido o divertido (ciertamente es un placer terrenal), sino mas bien cuando está listo y hay que editarlo. ¿Cómo saber qué está bien o qué está mal? Además del famoso consejo (famoso porque no creo que solo yo lo haya comentado por aquí) de tener una "lectora ideal", también necesitamos un tiempo para "poner en agua" ciertas ideas.

Voy a enumerar cada una de ellas.

1) Aceptar que nos equivocamos. Podría darse el caso de que pensemos que nuestros personajes y trama están perfectos tal como se leen en estos instantes. Y que quizá quienes nos han proporcionado el feedback tienen una visión "muy personal" de nuestra historia. Esto es un error. Nosotros tenemos que aprender a vivir con la idea de que nuestro manuscrito pudo ser escrito con ilusión y mucho empeño, pero si nuestros lectores "ideales" nos dicen que hay que cambiarlo, pues se debe hacerlo. La base de todo es la humildad.

2) Revisar la ortografía. Faltas ortográficas no son dedicadas exclusivamente a calificar aquellas "h", "o", "s", que están de más. Sino a la puntuación del guión de diálogo como tal, por ejemplo. La separación con las comas. Esto más que ortografía, es corrección de la puntuación.

3) Repensar los personajes. Cada héroe (primario, secundario o terciario), tiene un rol. Si durante el transcurso de la trama pierde fuerza, pero su  presencia es necesaria y decisiva, entonces debe corregirse. Al leer por última vez el texto debemos reconocer, imparcialmente, si hemos logrado nuestro cometido con cada uno. Caso contrario, rehacer la trama y mejorarla para que encaje cómodamente cada personaje en su número correcto de calzado.

4) Dejar reposar el texto unas semanas una vez concluido. Luego de tanto escribir y leer sobre las mismas líneas, el cerebro deja de procesar imparcialmente, y los errores empiezan a pasarse por alto. Indistintamente de qué parte del manuscrito nos haya saildo "mejor", según nosotros mismos. Así que dejarlo en el cajón un tiempo es un espacio para que nuestra mente creativa recupere fuerzas, y quizá se involucre en otro proceso de escritura, y al retornar al que está en "reposo", lo veremos desde un ángulo diferente, afilándolo casi a la perfección (porque jamás lograremos nada perfecto).

5) Celebremos. Cada trabajo implica esfuerzo, sacrificio, tiempo. Aún más un manuscrito que con tanto amor se ha creado. ¿Qué tal si después de un largo proceso creativo nos damos una licencia? Pues a ello. Una blusa nueva, el día en el spa, aquel nuevo libro de Lisa Kleypas, quizá un ticket de avión a una ciudad cercana, un día en la playa. Tantos pequeños placeres. Que si nos ponemos a pensar son incentivos. Ahorramos durante el proceso, y cuando hayamos concluido nuestro manuscrito nos premiamos. Un auto-consentimiento literario. 

Finamente quisiera concluir invitándolas a escribirme a contacts@kristelralston.com  cualquier duda, inquietud o petición en las que crean pueda ayudarlas. Lo haré con mucho gusto y responderé con la mayor prontitud del caso. Ahora romance and issues, ha pasado a tener mi nombre oficial  www.kristelralston.com 

¡Gracias por visitarme!

Nos leemos prontito.

14 de noviembre de 2012

De amarillo a verde

Hoy terminé de leer "Cuando la memoria olvida", de la escritora española Noelia Amarillo. Es el primer trabajo que leo de esta autora. Y honestamente no me ha causado muy buena impresión. Los personajes principales: Marcos y Ruth, dos españoles de clases sociales distintas, no logran trascender el plano infantil desde donde han sido concebidos por Amarillo.

No os dejéis engañar por la portada
no va acorde al contenido, de verdad.
Los diálogos son flojos. De aquellos que mi amiga Loly diría: "llenar y llenas páginas, sin decir nada madre mía". A veces me da la impresión que, inmersas como estamos en la escritura, podemos olvidar que cada parte del manuscrito tiene una función importante. En este caso el diálogo es el hilo medular que acompaña la trama. No pueden ser palabras dichas porque sí, cada uno de los enunciados - inclusive los gemidos - tienen un sentido y un motivo. Me parece que Noelia se olvidó de esto. Una lástima, porque pudo haber hecho de esta novela - la idea no es mala - un verdadero texto enriquecido de prosa, diálogo y personajes memorables.

Además, sí, yo como relaciones públicas debo decirlo, esta autora no cuida su imagen personal en las fotografías bajo las cuales publica. ¿Qué le cuesta un poquillo de arreglo en el cabello, rimmel, blush y un labial? Me cuesta aceptar que las mujeres que publican novelas románticas se descuiden de su imagen en ese sentido. No importa si son gordas, flacas, altas, bajas. El cuidado personal no ve de tamaños ni formas, y si una está expuesta a un público que suspira por ilusiones, quien las crea debería estar consciente de que su imagen (así como la portada y la sinopsis del libro) también comunica. 

Noelia Amarillo
Continúo con el libro. Se deja leer, cansa a ratos y una no encuentra la maduración completa del personaje y da mucha pena, porque Marcos y Ruth prometen. La chiquilla que es la hija de ambos, Iris, es graciosa, pero luego de varios diálogos y escenas se vuelve patosa, melosa y metida. Entiendo su rol para fungir de "celestina" de sus padres, pero no lo logra. La muchachilla cae mal. Lo siento es lo que hay.

No descarto leer otra novela de Amarillo... pero en este caso el color que utilizaría en la portada sería verde...de aquellos que uno ve cuando va con dolor de estómago. A ver si cuando coja alguna otra novela de Noelia paso del amarillo al rojo o rosa.

¡Saludos!

7 de noviembre de 2012

Personajes reales





     Realidad (Una muy buena)
Fantasía (Risas nerviosas)

¿Qué hace a los personajes reales? Los escenarios, acciones y posibilidades en ese sentido. Claro, las novelas románticas también son fantasías. De hecho, lo son en un porcentaje que bordea el 80%. Sin embargo, en varias ocasiones nos puede ocurrir que sabemos que estamos leyendo un libro romántico, nos emocionamos, pero no nos atrapa completamente. Y muchas veces, no tiene solo que ver con la calidad de la prosa, tanto como con la realidad de sus protagonistas.

Me refiero específicamente a cuando una empieza a leer, y de pronto el personaje podría ser mi vecino. Con sus tribulaciones, dudas, miedos y pasiones, enlazados en el parámetro de "normal". Aquellos que no beben todo el tiempo vinos caros, ni desayunan caviar en un yate en medio de la Riviera Francesa. No. Son aquellos que trabajan para ganarse el mes a mes, aquellos que vemos sudar con tanto calor, enojarse y perder los estribos, y también sentarse a comer una simple hamburguesa como si fuera la mejor comida del día. ¿Les suena un personaje así? A mí de hecho, sí. Lo acabo de conocer dos veces (novela releída). Se llama Jack Manning, es guapísimo... pero es normal. 

Lo conocí leyendo a una de mis favoritas: Julia London, en su serie de las hermanas Lear (hice una entrada meses atrás sobre ellas). Y hoy que he releído al personaje lo encontré tan natural, sincero, sencillo y humano, que he creído todos y cada uno de sus miedos; todas y cada una de sus palabras de amor; y he comprendido su necesidad de amar y encajar. Ha sido fantástico, porque dejé de pensar que era un libro. Sentí que estaba conversando con un amigo y me contaba sus penas, sus ilusiones y sus triunfos. Fue fabuloso. El libro se llama: "Adicta al trabajo". 

A veces rebuscamos en nuestro tintero algo para que las escenas sean fantásticas, o memorables, quizá también únicas. Pero vamos, seamos sensatos, vivimos en un mundo de clichés. Y hay que aceptarlo. Mejor pensar en el mejor modo de reconstruir el cliché desde una nueva perspectiva; es lo que se hace. Además, el mejor ingrediente a veces es el que menos pensamos: lo más sencillo. 

¿Kristel, qué escribes? Bueno, a ver que es casi la una de la madrugada. Quizá haya dejado caer alguna idea inconexa - poco me ocurre aquello -, así que voy a resumir. Si desean crear escenas memorables, pero cercanas al lector, más les vale pensar en diálogos, escenarios y climax más apegados a lo cotidiano. Una cena en un Burger King, un helado en el Baskin Robins, un rapidito en el local en donde hacen la colada cuando está desierto, un beso bajo la lluvia corriendo cuando hay tráfico. ¡Vamos, vamos, a pensar esos cerebritos de escritores! Verán cómo encuentran en los lugares más comunes el modo de captar la naturalidad y cercanía que tanto buscamos.

Mientras, aquí vuestra servidora va a dormir pensando en Jake Manning... qué tío tan guapo.

¡Nos leemos!

Xoxo.

6 de noviembre de 2012

El dinero y la sensibilidad

El ambiente en el que una se desenvuelve va cambiando conforme pasa el tiempo. No solo me refiero al ámbito laboral, sino también al personal. Sin embargo, quisiera hacer hincapié en un asunto que me deja una espinilla, porque hoy me ha molestado especialmente. Oh, adicional al tema, incluyo el asunto de falta de calidez humana y la condena a la espontaneidad.

No sé cómo habrían sido las formas reales (una cosa es documentar, otra vivirla) en que la clase aristocrática se comportaba entre sus similares. Yo creo que el siglo XXI ha traído consigo tecnología, agilidad, facilidad, pero no ha podido dejar de lado la estupidez ni el esnobismo social.

¿A qué me refiero?

Pues, básicamente, a la insistencia de creer que tener dinero te hace mejor, superior y estás sobre el resto. Una fatal equivocación, cuando ahora el mundo compite, ya no solo por sobrevivir el día a día, sino también las imposiciones de "lo correcto", "lo adecuado", etc. Me molestan dos posiciones de jactanciosa superioridad.

La primera: Los nuevos ricos. ¿Quiénes son? Personas que surgiendo de un entorno social bajo (clase baja), de repente (indistintamente de los medios con los cuáles han conseguido el dinero) logran abultar su cuenta bancaria, así de repente; como un chispazo. Entonces empiezan a mirar, a quienes hasta hacía muy poco se contaban entre sus similares, por encima del hombro. Me pregunto de qué van, si no tienen abolengo. Entonces pienso en aquel dicho famoso: "Mono que se viste de seda, mono se queda". (De esos casos tengo montones a mi alrededor).

La segunda. Los ricos antiguos. ¿Quiénes son? Personas cuyo abolengo se remonta a mucho tiempo atrás, o bien son los hijos de los nuevos ricos, pero que nacieron con los privilegios desde siempre. Aquellos que han heredado suficiente cantidad de dinero como para granjearse viajes de lujo, dejar de trabajar si así les apetece, adquirir cualquier baratija (que para otros sería una fortuna).Estos, además de creerse tan superiores, aceptan que saludar con un gesto cálido les resulta "fuera de lugar".

¿De qué vamos mundo?

Poneros a pensar que el mundo es una rueda que gira y gira. Un saludo, un gesto afable no se condena por la cantidad de dinero, ni se dispensa a los iguales. El saludo y la humanidad debe estar a disposición de todos nuestros semejantes. Vivimos en la sociedad de la información, no en la era aristocrática.

No son más, ni se convierten en menos importantes, por darle un beso a un conserje al saludar cuando éste se inclina a hacerlo con uno; la mano a una cocinera al recibir un platillo en la oficina o en casa, en gesto de agredecimiento; un abrazo cuando el recepcionista llora quedamente, porque quizá tiene problemas. ¿Dónde está el sentido de la humanidad? ¿Dónde están los sentimientos? ¿Por qué el dinero puede transformar la espontaneidad de sentimientos en algo condenable? ¿Por qué?

Yo seguiré siendo lo que soy: espontánea. Y si a alguien le parece que eso es de mal gusto, pues que vaya con viento fresco. La monarquía existe en su forma figurativa no ejerce poder ahora. Las épocas medievales también desaparecieron. Y señores, los ingleses viven en Inglaterra, y haciendo honor a mi amor por esa tierra, son los únicos que - por historia, luchas y transformación - podrían tener la disculpa de la indiferencia y la diferenciación de clases; no es algo que adoptaron, es algo que siempre han sido. Eso no lo puedo juzgar. Pero, por favor. ¿Otros países qué justificación tienen? Aquellos conquistados y colonizados, pero jamás conquistadores. No me hagan reír.

Me parece que además de ser una era de cambios, también es un momento de decisiones radicales por enfrentar. Por falta de humanidad este mundo está así: decadente, falto de compromisos e ilusiones verdaderas. Han perdido las buenas costumbres y la sensibilidad. Pero sobre todo, y es lo que más apena, radica en la incapacidad para darse cuenta de los propios errores, enmendarlos, y transformarse en mejores personas. No lo hagan por otros, empezar por cómo nos sentimos al respecto con nosotros mismos.


¡Nos leemos pronto!

4 de noviembre de 2012

Mujeres débiles

Este fin de semana me he leído varias novelas, dos de la Roberts, una de Christina Dodd, y otra de Jacqueline Baird. Sobre esta última, cuya novela se titula "Solo nosotros", es la cual me referiré durante esta entrada de domingo.

Uno de los motivos por los cuales suelo leer a Baird, es precisamente porque sus tramas suelen tener diálogos entretenidos (no ingeniosos), y los giros de la trama (no siempre) me dejan un "ohhh" al leer. La anterior expresión, en mi caso, es uno de los sinónimos de "vaya, qué buena esta". En fin.

Ahora, lo que me lleva a escribir es lo incómoda que me siento frente a la protagonista de este libro. ¿Por qué? Pues bueno, no sé cómo se las ingenia esta autora (quien por cierto no está tan mal) para exponer una mujer patéticamente dependiente, incapaz de defenderse frente a una rival, sin la fuerza de voluntad suficiente para imponerse a una injusticia que comete continuamente contra ella el hombre de quien está enamorada. 

A ver, que si el punto es que las mujeres suelen ponerse memas cuando están prendadas, lo entiendo; pero tampoco hay que dar a entender que está descerebrada y carente de carácter, porque una cosa es el amor, otra la dignidad y el orgullo. He ahí la importancia de cuidar el asunto de los estereotipos (escribí una entrada al respecto en escribe romántica,http://www.escriberomantica.com/2012/11/estereotipos-en-la-novela-romantica.html).

Por otra parte, considero que es muy importante que el personaje evolucione. Si empezamos con una mujer débil, tiene que existir un factor que la vuelva fuerte. No puede ser posible que se continúen escribiendo historias en las cuales las mujeres reciben alguna vejación verbal o humillación, sin reaccionar. No lo concibo. Me incomoda. Es distinto hacerlo, si en una próxima escena - por ejemplo - ella le devuelve el golpe de otro modo; no obstante, es catastrófico ver la reincidencia en esa aceptación

Con esta exposición reflexiva sobre la novela de Baird, me despido por hoy. Espero que hayan tenido un domingo estupendo, y para los países que estuvieron de festivo jueves y viernes, o solo viernes, os deseo que el golpe de volver al trabajo mañana no sea tan duro. Porque al menos, para mí lo será. (Menos mal cuento con ustedes para leerme, y mis novelas para entretenerme).

¡Hasta pronto!

3 de noviembre de 2012

The time traveler´s wife

Una trama distinta, emocionante y dulce. Hoy he repetido la película protagonizada por Rachel McAdams y Eric Bana y curiosamente producida por Brad Pitt (lo curioso es porque me resulta poco habitual saber que un actor está en la producción, cuando es una estrella del cine per se). La idea del filme dista mucho de las convenciones a las cuales estamos habituadas. No solamente por lo que ocurre con su protagonista, sino porque no es convencional. 



Eric Bana es Henry DeTamble, un hombre que tiene la peculiaridad genética que le permite viajar en el tiempo. Con este precedente puede revivir más de cien veces la muerte de su madre, su presente y su futuro, pero sobre todo, llega a conocer a la mujer de su vida: Clare Abshire (Rachel McAdams), cuando ella tan solo tiene seis años. Juntos inician de ese modo una preciosa relación de amistad, que a medida que pasa el tiempo se empieza a convertir en lo que están predestinados a ser: esposos.

Una historia de amor fascinante, cálida y romántica, en donde nos enseña a valorar el tiempo que pasamos junto a quien amamos, descartar las naderías por las que se discute e invertir cada instante en crear recuerdos memorables. Lo más importante es saber que todo tiene un principio y todo tiene un final, por ello, es necesario aprender a elegir nuestras batallas y dificultades con prudencia.

La parte fantástica (por irreal) es que a pesar de que él muere (sorry si soy spoiler, pero igual se pueden dar cuenta cuando ven los foros o donde sea de qué va) un año antes de hacerlo, aún le es posible regresar en el tiempo para ver a su esposa. Y su hija, hereda la misma característica, por lo que conoce cuándo morirá. Es un viaje que se torna apasionante, divertido, triste, cautivador y electrizante.

La adaptación de la novela de Audrey Niffenegger es muy bonita, seguro que no me animo a leerla; y no porque me parezca una mala película (al contrario, me parece estupenda por el simple hecho de que rompe los cánones habituales) sino porque ahora que sé de qué va, quizá sería complicado imaginarme el libro de otra manera, u otra perspectiva. 

Me gusta el hecho de que, a pesar de que el protagonista muere al final, el choque o impacto del típico "happy ending" no es tan cruel. La historia tiene varias espectativas que nos hacen asimilable el golpe, y me parece que su final amortigua cualquier posible decepción que se pudiera tener para quienes no estamos habituadas a romper el esquema del final feliz. En todo caso, estoy segura que es una película que merece la pena analizarse, y más que nada, disfrutarse plenamente. 

¡Saludos!


1 de noviembre de 2012

Cuenta regresiva



¡Empezamos noviembre! Vaya, el tiempo realmente es inclemente en las grandes ciudades. ¿No les parece? Siento que en la vida de campo las personas tienen posibilidades de vivir realmente; sin el apuro del reloj, la cita urgente, una reunión impostergable. Solo se limitan a vivir sus vidas, disfrutar del buen vino, un buen compañero o buena compañera de su vida, o quizá ocasional, pero es como si lo hicieran todo más intensamente. 

En ocasiones me gustaría haber nacido en el siglo de la época de la Reina Victoria de Inglaterra, o quizá en la Regencia. Llevar una vida de campo, en paz y tranquilidad; quizá inclusive recluida entre libros y manuscritos. Dicen que siempre se añora el pasado; pues en mi caso añoro lo que no tuve: una vida en ese tiempo. O quizá sí que la tuve... habrá que regresar el tiempo.

Se acaba pronto el año 2012. Este asunto del tiempo, el ir y venir, ganar y perder, dar y recibir, se vive diferente en cada civilización; pero siento que la diferencia en el campo y la ciudad, es más radical. Si ahora mismo tuviera un tickete de viaje a elección, me iría a las ciudades pequeñas en las afueras de Francia, Italia, Inglaterra, Irlanda o Escocia. (A ver también dónde me regalan de esos jajaja).

En todo caso, mis queridos lectores, es tan solo una reflexión de viernes. Mañana es fiesta en el país en el que nací. Porque mí país, el que llevo en mi corazón, es otro. Eso sería tema de otro post, de otra entrada. Por ahora me despido, porque tengo algunas ideas en el tintero. Ya quisiera poseer la velocidad del rayo en la mano para escribir cual Thor lanzando su martillo.

¡Buen día!